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<channel><title><![CDATA[HASTAPENAK - &iquest;Reviviendo la historia?]]></title><link><![CDATA[https://www.hastapenak.com/iquestreviviendo-la-historia]]></link><description><![CDATA[&iquest;Reviviendo la historia?]]></description><pubDate>Sun, 07 Jun 2026 07:14:10 +0200</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[¿Reviviendo la historia?]]></title><link><![CDATA[https://www.hastapenak.com/iquestreviviendo-la-historia/reviviendo-la-historia]]></link><comments><![CDATA[https://www.hastapenak.com/iquestreviviendo-la-historia/reviviendo-la-historia#comments]]></comments><pubDate>Fri, 18 Mar 2022 23:00:00 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.hastapenak.com/iquestreviviendo-la-historia/reviviendo-la-historia</guid><description><![CDATA[Se habla mucho estos d&iacute;as, con el conflicto de Ucrania, de que nos encontramos irremediablemente a las puertas de una Tercera Guerra Mundial. &iquest;C&oacute;mo no va a ser as&iacute;, si Putin es un agresor y tiene el mismo proyecto &eacute;tnico-expansionista que Hitler? Bueno, tal vez aqu&iacute; es donde deba entrar la Historia como disciplina social y humana para desmentir ese ya famoso aforismo acu&ntilde;ado por George Santayana de que &ldquo;los hombres que no conocen su pasado e [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph">Se habla mucho estos d&iacute;as, con el conflicto de Ucrania, de que nos encontramos irremediablemente a las puertas de una Tercera Guerra Mundial. &iquest;C&oacute;mo no va a ser as&iacute;, si Putin es un agresor y tiene el mismo proyecto &eacute;tnico-expansionista que Hitler? Bueno, tal vez aqu&iacute; es donde deba entrar la Historia como disciplina social y humana para desmentir ese ya famoso aforismo acu&ntilde;ado por George Santayana de que &ldquo;los hombres que no conocen su pasado est&aacute;n condenados a repetirlo&rdquo;. Es absolutamente falso y, por supuesto, las comparaciones que se est&aacute;n haciendo estos d&iacute;as en RRSS y medios de comunicaci&oacute;n de masas no s&oacute;lo son hiperb&oacute;licas, sino que est&aacute;n profundamente erradas y generan un clima de incertidumbre y psicosis social que agrava la ya de por s&iacute; terror&iacute;fica situaci&oacute;n.<br /><br />Karl Marx establec&iacute;a que la Historia se da presencia a s&iacute; misma dos veces, una como tragedia y la otra como farsa. Sin embargo, pese a que pueda rimar, la Historia no se repite, porque cada tiempo hist&oacute;rico est&aacute; inserto en sus propias din&aacute;micas. El problema con este tipo de pensamiento ahist&oacute;rico es que limita profundamente los horizontes de posibilidad y enjaula a la expectativa en unos l&iacute;mites muy estrechos. Un ejemplo lo encontramos en la Europa posterior a la II Guerra Mundial, de la que el historiador Tony Judt afirmaba que no se cuestionaba la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, sino simplemente la fecha de inicio de la misma. Tal vez sea esto a lo que nos referimos los historiadores con que hay que pensar hist&oacute;ricamente. Los contextos pueden ser parecidos, pero siempre son diferentes. Si en septiembre de 1945 la rendici&oacute;n de Jap&oacute;n no hubiese tra&iacute;do consigo el descubrimiento de las terribles armas de destrucci&oacute;n masiva de las que hab&iacute;a hecho uso la administraci&oacute;n Truman, posiblemente una tercera contienda global se podr&iacute;a haber producido. Sin embargo, la tensi&oacute;n posterior, que dio inicio a la Guerra Fr&iacute;a en 1946 (cuando Churchill pronuncia su famoso &ldquo;discurso de Fulton&rdquo;: un tel&oacute;n de acero ha ca&iacute;do sobre Europa) viene marcada tambi&eacute;n por el desarrollo del arma nuclear por parte de los sovi&eacute;ticos en 1949. Desde entonces nada volver&iacute;a a ser como antes, la guerra nunca podr&iacute;a librarse en campo abierto, frente a frente, por parte de las superpotencias. Es el principio mismo de la doctrina MAD (Destrucci&oacute;n Mutua Asegurada), que marcar&iacute;a tambi&eacute;n la necesidad de una coexistencia pac&iacute;fica (doctrina Jruschev).<br /><br />Si bien es cierto que la doctrina imperial de Rusia ha pervivido a lo largo de los a&ntilde;os, &eacute;sta no puede ser entendida &uacute;nicamente desde una imagen espejo del mundo anterior de 1914 o a 1945. Las armas nucleares lo cambiaron todo y el orden bipolar posterior a la II Guerra Mundial tambi&eacute;n. Putin puede ser un nacionalista ac&eacute;rrimo y puede incluso que en sus sue&ntilde;os h&uacute;medos se vea a s&iacute; mismo tom&aacute;ndose un caf&eacute; en Riga con su oso pardo sentado a los pies. Sin embargo, los principios de juego que estaban claros en la Guerra Fr&iacute;a y de los que incluso siguen vigentes algunos de ellos, le limitan. Durante 1945-1989 operaron una serie de principios para garantizar que el mundo no viviera nunca un invierno nuclear:<br /><br /><ul><li>La existencia de unos glacis de seguridad. Durante la Guerra Fr&iacute;a, cuando esta regla se incumpli&oacute; y muy especialmente cuando este incumplimiento afect&oacute; a territorios incluidos en el per&iacute;metro de seguridad establecido por las dos superpotencias, el peligro de enfrentamiento directo surgi&oacute; y la tensi&oacute;n se agrav&oacute;, provocando una serie de conflictos- tipo.</li><li>La existencia de unas pol&iacute;ticas de riesgo calculados bajo los principios de contenci&oacute;n, disuasi&oacute;n, persuasi&oacute;n, subversi&oacute;n (hoy d&iacute;a sobre todo utilizando en cyber-ataques y la desinformaci&oacute;n).</li></ul><br />La visi&oacute;n del otro y la amenaza que representa es un factor muy importante dentro del play-ground de la psicolog&iacute;a nuclear (as&iacute; como en la sociolog&iacute;a de cualquier proceso hist&oacute;rico que implique un enfrentamiento). Ahora bien, tras la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la desintegraci&oacute;n de la URSS, estas reglas del juego quedaron desfasadas. En el Kremlin se estableci&oacute; un r&eacute;gimen cleptocr&aacute;tico y olig&aacute;rquico bajo los principios de la doctrina del shock de Naomi Klein (una fuerte conmoci&oacute;n social capaz de imponer los principios liberales del Consenso de Washington). El interregno de los a&ntilde;os 90, tr&aacute;gicos en la psicolog&iacute;a social del pa&iacute;s, se vieron solventados por el resurgimiento de Rusia bajo un nuevo liderazgo, el de Vladimir Putin (1999), que frente a la figura estramb&oacute;tica y bufonesca de Boris Yelstein, representaba una p&aacute;gina nueva de Rusia en el mundo tras la disoluci&oacute;n de la URSS, capaz de poner orden en el interior (al m&aacute;s puro estilo Manifiesto de los Persas) y reestablecer el prestigio de Rusia, tal vez ya no como gran potencia, pero s&iacute; como actor capaz de defender sus intereses en el mundo, siempre bajo el abrigo de un arsenal nuclear que pod&iacute;a hacerle frente cara a cara al de EEUU. Esa siempre ha sido la gran baza de Rusia y el gran peligro que hace oscurecer el orden liberal y unipolar impuesto por EEUU desde 1991. Sin embargo, lo que se ha visto en estas &uacute;ltimas semanas es la consagraci&oacute;n de un nuevo orden internacional, aun amorfo y sin unas reglas claras. Un mundo que encuentra su gestaci&oacute;n incluso antes del fina de la Guerra Fr&iacute;a, con la pol&iacute;tica de crecimiento econ&oacute;mico a ultranza establecida por Deng Xiaoping en los a&ntilde;os 70. Un crecimiento que ha permitido a China, gracias a un perfil internacional bajo, consagrarse como una potencia econ&oacute;mica mundial y con un peso important&iacute;simo en la vida comunitaria internacional (como est&aacute; vi&eacute;ndose ante las llamadas a Xi Jinping para que medie en el conflicto ruso-ucraniano). Hoy tenemos un mundo m&aacute;s peligroso tal vez que el de la Guerra Fr&iacute;a, y no es porque a sus mandos haya psic&oacute;patas sedientos de sangre, como banalmente se suele traslucir en los noticiarios y tertulias televisivas. El gran problema del orden internacional posterior a la Guerra Fr&iacute;a es que apenas tiene normas, o que opera con unas establecidas en 1945 que ya no son v&aacute;lidas para el mundo actual. La marcha hacia el Este de la OTAN, los conflictos injustificados y sangrientos de las ultimas d&eacute;cadas, la internacionalizaci&oacute;n de guerras como la de Siria (en la que han participado un sinf&iacute;n de actores internacionales, contando especialmente a Rusia y EEUU), el uso de herramientas a medio caballo entre el soft y el hard power (la desinformaci&oacute;n, las campa&ntilde;as de financiaci&oacute;n de agentes desestabilizadores, etc.) nos est&aacute;n hablando de una realidad que dif&iacute;cilmente puede ser un espejo de 1914 o 1945, aunque desde luego el orden sea inestable.<br /><br />Para hablar del traumatismo mundial que est&aacute; suponiendo esta guerra podr&iacute;amos hablar de Rusia, podr&iacute;amos hablar de Ucrania y podr&iacute;amos hablar del orden unipolar navegado durante m&aacute;s de 20 a&ntilde;os en solitario por EEUU. Podr&iacute;amos hablar de los traum&aacute;ticos a&ntilde;os 90 de la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, a&ntilde;os en los que Rusia perdi&oacute; cerca del 25% de su poblaci&oacute;n, experiment&oacute; el desmantelamiento de su tejido productivo estatal y experimenta los problemas de orden y salud p&uacute;blicos asociados al fin del comunismo: la drogadicci&oacute;n, la criminalidad, el suicidio, la p&eacute;rdida exponencial de la esperanza de vida, etc. Podr&iacute;amos discutir las luctuosas guerras civiles en Chechenia, que marcaron el recuerdo de esos a&ntilde;os, de como las pensiones de millones de personas durante los 90 se devaluaron hasta pr&aacute;cticamente no valer nada. Podr&iacute;amos hablar tambi&eacute;n de las aventuras internacionales de EEUU durante el siglo XXI, que han dejado pa&iacute;ses enteros en una inestabilidad cr&oacute;nica que parece ser&aacute; secular: Irak, Siria, Libia&hellip; Podr&iacute;amos hablar de la emergencia de los BRICS y la importancia que est&aacute;n comenzando a tener otros actores pol&iacute;ticos en este tablero de ajedrez. Podr&iacute;amos tambi&eacute;n hablar del agotamiento de Europa, del resquebrajamiento de la Uni&oacute;n durante estos a&ntilde;os, la sangr&iacute;a que oli&oacute; el Kremlin cuando en 2016 el Reino Unido decidi&oacute; salir del espacio Schengen y repatriarse hacia su vertiente mas atlantista. Podr&iacute;amos hablar tambi&eacute;n del auge de las f&oacute;rmulas iliberales, de democracia ficcional o &ldquo;soberana&rdquo; como gustan de llamar Orb&aacute;n o Kaczy&#324;ski.<br /><br />Hablar de todo esto es hablar de la complejidad de la realidad, que enfrenta el discurso simpl&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n de masas. Patologizar a Putin, afirmar que este conflicto es similar al comienzo de la II Guerra Mundial o el panorama internacional id&eacute;ntico al de 1914 son afirmaciones que no nos van a llevar a una comprensi&oacute;n del trance por el que pasa actualmente el mundo. El estudio del pasado tiene como objetivo comprender el presente, es cierto, pero tambi&eacute;n imaginar unos horizontes de expectativa diferentes y dudar de lo que nos traer&aacute; el futuro, no s&oacute;lo por una cuesti&oacute;n de fantasioso optimismo, sino para pensar una soluci&oacute;n sobre s&oacute;lido, y no sobre unas inestables conjeturas basadas en un pasado que, cerca de hacernos comprender el presente, en estos t&eacute;rminos, nos lo dificulta profundamente.<br />&#8203;<br />Cuando &Eacute;douard Daladier lleg&oacute; al aeropuerto de Le Bourget el &uacute;ltimo d&iacute;a de septiembre de 1938 las masas se abalanzaron sobre &eacute;l llenas de j&uacute;bilo cantando la <em>Marsellesa</em>. La guerra se hab&iacute;a evitado y Daladier era el h&eacute;roe del momento. Sin embargo, &eacute;l consideraba que el acuerdo era simplemente un arreglo temporal, M&uacute;nich representaba una soluci&oacute;n precaria a una situaci&oacute;n intolerable. Chamberlain, por su parte, asum&iacute;a que el logro de M&uacute;nich hab&iacute;a sido evitar la guerra a cualquier precio y lo vendi&oacute; como un &eacute;xito en Londres. La cuesti&oacute;n es, que, en 1938, no exist&iacute;an las armas nucleares, ni la OTAN, ni la Uni&oacute;n Europea y el horizonte de la guerra era tan difuso para algunos como n&iacute;tido para otros.<br />&nbsp;<br /><strong>Bibliograf&iacute;a</strong><ul><li>Faraldo, Jos&eacute; Mar&iacute;a. <em>El nacionalismo ruso moderno</em>, Madrid, B&aacute;ltica Ensayo, 2020.</li><li>Judt, Tony. <em>Postguerra. La Historia de Europa desde 1945</em>, Barcelona, Taurus, 2005.</li><li>Krastev, Iv&aacute;n; Holmes Stephen. <em>La luz que se apaga. C&oacute;mo Occidente gan&oacute; la Guerra Fr&iacute;a, pero perdi&oacute; la paz</em>, Madrid, Ed. Debate, 2019.</li><li>Milosevich, Mira. <em>Breve Historia de la Revoluci&oacute;n Rusa</em>, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017.&nbsp;</li><li>Pereira Casta&ntilde;ares, Juan Carlos (coord.). <em>Historia de las Relaciones Internacionales Contempor&aacute;neas</em>, Barcelona, Ariel, 2001.</li><li>Poch, Rafael. <em>Entender la Rusia de Putin. De la humillaci&oacute;n al restablecimiento</em>, Madrid, Akal, 2018.</li><li>Traverso, Enzo. <em>El pasado, instrucciones de uso. Historia, memoria, pol&iacute;tica</em>, Madrid, Ed. Marcial Pons, 2000.</li></ul></div>]]></content:encoded></item></channel></rss>